Hace unos días pensé que ya era hora de pasarme por Second Life y probar esa experiencia virtual que a muchos esta volviendo loco...
Inicialmente me pareció bastante simplón y complicado el sistema, no encontraba como salir del sitio inicial y ir a otra parte. Pero al final vi que todo es un sistema de teleportación entre diferentes zonas... Buscas eventos o locales y vas para allá en un "Flash".
Una vez ya dentro de juego, descubres que todo se mueve al rededor de algo llamado Linders (
L$), osea dinero. Después de todo, que sea una segunda vida no a de ser tan diferente a la primera... Con ese dinero puedes comprar una mejor apariencia y muchos trajes, así que volvemos a lo mismo de la vida real (
RL), todo es capitalismo puro.
Así que buscas trabajo, trabajos como bailar (
unos 4 L$ por 10 min.) o fregar suelos (
3 L$ por 7 min.) y te das cuenta que la mayoría de gente conectada esta haciendo lo mismo, dejar su SL encendido para campear unos L$. Es como las obligaciones laborales de la realidad...
Para mi sorpresa, en Second Life (
SL) también existe el Sexo, y esta muy de moda vender/comprar Penes y Vaginas con múltiples funciones (
a mas cosas haga, mas L$ cuesta), y proliferan mucho locales de orgías y fiestas de sexo en el juego. Supongo que los propietarios de los locales les interesa que los jugadores entren en sus garitos para ganar L$...
Cuando ya estas harto de sexo y acomplejado de no tener Pene porque cuesta mucho dinero (
maldito ego masculino), llega el momento de buscar algo que te llene... Así que vas saltando entre locales y islas, mirando los eventos y al final, lo encuentras...
Yo encontré mi sitio, en un local llamado "Paradise Ballroom" o el "Tuxedo Lounge" (
quien me lo hubiera dicho), donde paso las noches bailando RAT PAK y reviviendo los años 1940's en plena WWII (
segunda guerra mundial). Pero tiene algo que... me gusta.
Y esta es mi experiencia en Second Life...
Lo único que os puedo decir es, probarlo y buscar vuestro sitio (
procurando no engancharse y olvidarse de la RL, como me aconsejaba la bailarina Altonia).